“¿Es que en esta cultura perfeccionista del super hombre, sabernos vulnerables nos hace peores…?”

¿Qué entiendes tú por vulnerabilidad? Hoy en día, podemos verlo como un concepto grisáceo, triste, de tinte negativo…¿Es que en esta cultura perfeccionista del super hombre, sabernos vulnerables nos hace peores…?

Escribo este artículo con un único OBJETIVO: mostraros que incluso esta parte de nuestro ser, que a nadie se le escapa, aunque bien la disimule, se puede vivir con un sentido y una esperanza…

Lejos de mirar mi debilidad con vergüenza y silencio, grito desde lo hondo, que encuentro en ella, el núcleo de mi humanidad, la luz para levantarme y descubrirte y el impulso para salir y crecer con fuerza nueva.

¡PONGÁMONOS EN UN CONTEXTO! Tú y yo, circulamos hoy por una sociedad revuelta de múltiples “ismos”: individualismo, emotivismo, consumismo, activismo, mecanicismo, exhibicionismo…Somos quienes somos y nuestras circunstancias. No somos indiferentes a ellas. Todo esto no nos es baladí, sino que repercute en lo más profundo de nuestro ser persona.

Y ¿por qué? Precisamente porque soy y vivo abierto y permeable a la realidad…De cómo me relacione con ella, dependerá mi equilibrio vital. Aunque parezca mentira, podemos llegar a encontramos muy ausentes de ella, sin ni siquiera saber reconocerla.

Inmersos en la rapidez de una vida activa y ruidosa y desde la presión autoimpuesta de la rentabilidad, ¡que levante la mano! el que no se haya encontrado en algún momento afrontando su vida como puro consumo de cosas o sensaciones que me consuelen y alimenten mi yo, que me recuerden mi valor…

¡Que levante la mano! el que no se encuentre de cuando en cuando, si no a diario, viviendo la vida de imagen en imagen, sosteniendo su esperanza y sentido en el reconocimiento externo, que como todos sabemos, supone un factor de inmensa volatilidad y ansiedad.

Entendiendo la vulnerabilidad humana como fragilidad, quiero señalar y alertar sobre algunos de los TIPOS DE VULNERABILIDAD más propios de nuestra sociedad actual, sobre los que probablemente ni siquiera nos hayamos parado a pensar…

Escojo en primer lugar la fragilidad del conocimiento, fragilidad que reside en la epidermis del hombre, la de aquél que ignora, que pasa de refilón ante los estímulos de la realidad o ante la presencia de cualquier sutil interés por descubrir en su interior. Fragilidad del que incluso se evita a sí mismo por lo tedioso de entenderse y gestionarse…

Es la fragilidad del que no busca alimentar su inteligencia. Del que elige prescindir del pensamiento y del conocimiento, porque no ve problema, ante la ausencia de criterio, en asumir como propio, el de otro.
Siendo con alta probabilidad, un criterio impuesto por las tendencias sociales, habitualmente ideologizadas, banaliza sus consecuencias. Es la mentalidad del “no compensa” …

Este primer tipo de fragilidad enlaza con la siguiente, la fragilidad del deseo. Un corazón a ciegas, que es incapaz de atravesar los sentidos de inteligencia y voluntad, de discernir la cara trasera del deseo, como un bien o un mal para mí, se acaba convirtiendo en incapaz de decidir sobre los tiempos y las medidas del desear…

¿Quién no se ha encontrado así?… atravesando una secuencia interminable de deseos encadenados que no satisfacen nuestras expectativas, pero que mientras tanto, sí van elevando nuestro nivel de ansiedad.

Os presento entonces a la siguiente fragilidad, la emocional…Un laberinto de subidones y bajones que se acaban convirtiendo en el motor de nuestros actos, en el estilo de nuestras relaciones y tantas veces, en la justificación de nuestra forma de vivir… En el fondo, ¿Qué hay detrás del deseo? Un anhelo legítimo y bueno de por sí, la felicidad.

¡Que alguien me explique cómo desear, cómo corregir entonces esa tendencia cuando busco sin acierto!

Empecemos por mirar, conocer bien a fondo y aceptar nuestra propia realidad. Poniéndole palabras y viviendo en ella y desde ella, proyectaremos nuestros deseos en libertad y, por tanto, con serenidad.

Una buena integración del deseo evitaría sin duda la siguiente fragilidad, la de la libertad. ¿Quién no se ha encontrado atrapado en un bucle de decisiones ya tomadas en pro de una gran libertad, pero sintiéndose cada vez más limitado, condicionado e incluso engañado?…

Parecía abrirse un gran horizonte ante mí, pero en realidad me encuentro encadenado. De cómo entendamos la libertad, para dar o recibir, dependerá su despliegue real. ¡Libre para ser quien soy y cómo soy! ¡Ese es mi objetivo! Libre para reconocerme, aceptarme y quererme. Y así, manifestarme al mundo con agradecimiento y sencillez, ¡sin miedo!

¿Es que ahora en esta cultura en la que todo vale, justo yo tengo que vivir fingiendo un patrón?¡No hombre, no!

Clave para el ejercicio de una libertad auténtica y sana, es contar con una voluntad recia, resistente, ágil y entrenada en el caer y en el ponerse de pie con naturalidad. Por eso, enlazamos ahora con la siguiente y muy extendida fragilidad, la de la voluntad.

Nos encontramos ante personas anestesiadas por este mundo de sensaciones, yonquis de la emoción, del reconocimiento, del placer y del beneficio personal, que van desarrollando una verdadera incapacidad para tolerar la resistencia de la vida, para enfrentarse sin drama y sin miedo al sufrimiento, a la contradicción o a la espera. Grandes soñadores llenos de frustración por carecer del impulso necesario para dar vida a sus ideas…

Una voluntad débil y mermada, que se incapacita para hacer realidad cualquier proyecto de vida y sostenerlo en el largo plazo. Y ¿esto a qué nos suele llevar? A vivir una vida ficticia, una doble vida, llena de tensión y rechazo interior.
Hasta aquí, las oscuras zanjas de la vulnerabilidad… ¿Pero no decíamos que en la debilidad es donde se esconde mi fuerza, donde descubro mi sentido y te encuentro a ti? Hay un camino que andar…

“Eso sí, cada caminante haga su camino”

Cinco paradas tiene el mío, por si a ti te sirve:
1. Párate…Haz silencio, escucha, escribe…
2. Centra tus seguridades: Piensa en quién vuelcas tu intimidad, en quién te sostiene y refuerza.
3.Identificar tu sentido: ¿Tienes un hilo conductor que atraviese de coherencia tus decisiones o vives improvisando?
4. Proyéctate como persona: identifica tus anhelos, decide, cambia, crea…
5. ¡Ponte a vivir en positivo tu fragilidad, que la vida son dos días! Llénala de esperanza y de sentido, como combate al perfeccionismo, al afán de control, a la ansiedad, a la inseguridad y a tantas tendencias que fácilmente tornar en patológicas de nuestro siglo.

En Contigo me Atrevo, soñamos con esto, ¡te ayudamos!